TIJUANA, B.C., a 10 de agosto de 2026 . — La seguridad comienza con la confiabilidad de las instituciones que tienen la responsabilidad de proteger a la gente. Si las fiscalías y las corporaciones policiales están infiltradas por el crimen, ninguna estrategia puede funcionar, advirtió Jorge Ramos Hernández.
Para el diputado con licencia y exalcalde de Tijuana, el problema no puede reducirse a un tema de patrullas o de falta de policías.
“Si no limpian de delincuentes las fiscalías, las policías municipales y policías estatales, que se unen con los delincuentes y que asaltan y le roban a la población, no hay estrategia de seguridad que funcione”, sostuvo.
Ramos habla desde la experiencia de haber gobernado una de las ciudades más complejas del país en materia de seguridad. Durante su administración, la corporación municipal fue sometida a un proceso de depuración y controles de confianza. De acuerdo con los informes de gobierno de ese periodo, 582 elementos fueron dados de baja y 199 fueron enviados a procesos penales por su presunta participación en actividades relacionadas con el crimen organizado.
La estrategia también implicó coordinación entre Ejército, Marina, Policía Federal, Policía Estatal y Policía Municipal para enfrentar delitos de alto impacto.
“La fiscalía de los tiempos en los que yo fui alcalde me ayudaba a agarrar secuestradores. Había una fiscalía muy fuerte”, recordó.
A la depuración se sumaron procesos de profesionalización, capacitación y equipamiento de la corporación. La administración reportó la incorporación de nuevas patrullas, armamento y sistemas de comunicación, así como miles de evaluaciones y capacitaciones para los elementos policiales.
“Nosotros sabemos, conocemos y hemos tenido resultados en el tema de seguridad”, afirmó Ramos, al señalar que esa experiencia puede aportar al futuro de Baja California y sus municipios.
Tijuana ha tenido que aprender a responder a fenómenos que combinan crecimiento urbano, movilidad fronteriza, y delincuencia organizada. Para Ramos, los aprendizajes de esa experiencia no deben quedarse en el pasado, sino formar parte de la discusión sobre cómo recuperar la capacidad de respuesta de las instituciones.
El planteamiento es directo: no hay estrategia de seguridad que pueda sostenerse si las instituciones encargadas de aplicarla no son confiables. Por eso, considera que la depuración, la coordinación y la profesionalización deben volver a ocupar un lugar central en la seguridad de Baja California.

